top of page

Comparaciones odiosas

Actualizado: hace 6 días



Algo que vengo hablando mucho en terapia es el tema de las comparaciones con los demas. A veces son inevitables, sobre todo cuando sos inmigrante y venís de un mismo país. Ves como los demás se fueron de tu país, de tu misma ciudad, con unas oportunidades similares en cuanto a entorno y familia, pero sin embargo, ellos progresaron material y profesionalmente más que vos.


Me hice una misma pregunta varias veces: "¿qué estoy haciendo mal?". Puedo encontrar muchas razones: haber elegido malos trabajos por no confiar en mis capacidades, cobrar sueldos muy bajos y quejarme en vez de buscar nuevos horizontes, cubrir huecos emocionales con cosas materiales endeudándome sin sentido, haber viajado más de lo que debía en vez de ahorrar (aunque no me arrepiento jamás de viajar), o tal vez, no haberme abierto lo suficiente para conocer a la gente correcta que me pudiera conectar con mejores oportunidades.


Generalmente soy muy dura conmigo misma y me castigo con palabras negativas: que soy un fracaso, que no puedo hacer nada bien, que nunca voy a elegir bien o que siempre voy a estar sufriendo o trabajando duro para nunca ver un solo fruto de todo ese esfuerzo.


Dentro de esa ola de furia, entran las comparaciones con los demas. Miro a quienes ya tienen una casa cuando yo sigo alquilando, a los que se la pasan de vacaciones todo el año mientras yo no puedo ni pasar una semana de vacaciones fuera de mi ciudad porque no me alcanza, a los que se compraron un auto nuevo, a quienes tienen la casa hermosamente decorada. Luego miro a mi alrededor y viene el enojo. Viene el odiar lo que logré porque siempre me parece poco. Creo que me merezco mucho más, pero tengo mucho menos. Tengo ese sentimiento de que por más que me esfuerce, lo único que consigo es llegar a fin de mes con unos pocos euros en mi cuenta.


Luego abro mis redes sociales, y veo a todos los que están en Grecia de vacaciones. Pienso, "yo que vivo acá, ni siquiera puedo disfrutar de lo que tiene este país". Los veo viajando de isla en isla, comiendo en restaurantes, disfrutando de paseos en bote y visitando lugares increíbles. Créanme, no es resentimiento, tampoco envidia. Bueno, tal vez hay un poco de envidia.


No hay cosa que me guste más que saber que la gente es feliz, que puede ser libre y vivir la vida. Que pueden viajar, progresar, disfrutar, vivir con intensidad. Esa gente es siempre una fuente de inspiración para otros. Lo que me molesta es no poder yo también hacerlo. Miro a estas personas y trato de entender qué hacen que yo no hago. Intento copiar los buenos ejemplos, pero siento que nunca lo logro. Me siento desangelada y con poca suerte.


Es un constante remar en dulce de leche, y estoy segura que no soy la única inmigrante a la que le pasa lo mismo. Es inevitable sentir frustración cuando dejaste todo atrás para progresar y las cosas no salen como esperabas, Pasan los años, pero no podés encontrarle la vuelta.


Tengo dos libros que me recomendaron y que empecé a leer en estos días, que espero que me ayuden a encontrar el valor que necesito para afrontar todas estas situaciones difíciles y encontrar al fin, un poco de paz. Uno me lo regaló mi psicólogo hace unos años y se llama "Miedo", de Thich Nhat Hanh. El otro, me lo recomendó mi mamá y se llama "El camino del artista", de Julia Cameron.


Tengo todo para ser feliz, sin embargo, me sigo enredando en conductas antiguas que arrastro desde Argentina, conductas que ya no pertenecen a mi presente, porque esa persona ya creció, maduró y tuvo experiencias diversas y enriquecedoras. Sin embargo, a veces subestimamos el hecho de que algunas estén tan impresas dentro nuestro que son muy difíciles de eliminar. Hay disparadores a nuestro alrededor que hacen que volvamos a buscar recursos del pasado que ya no son buenos o sanos para nosotros.


El camino del conocimiento interior es largo y muy complicado, y se hace más complejo cuando salís de tu zona de confort, donde no siempre es fácil controlar todo.


"Soltar", una frase cliché que cientos de mujeres han escrito en posteos de redes sociales o que se han tatuado, que tal vez ya haya perdido un poco el verdadero significado que tiene, pero que es tan necesaria en momentos como estos. No soltar es como tener grilletes en los tobillos. No podés avanzar, y si igualmente lo hacés, en un momento caes exhausto, deteriorado, con dolores y angustia. Así me siento yo, hoy.


Aunque esté en el lugar que más amo en el mundo, esos grilletes siguen lastimando mis pies, sacándome la energía y las ganas de ser feliz. Muchas veces fantaseo con ser libre, con agarrar una masa y romperlos con toda la poca energía que me queda, pero esos grilletes también me socavaron el autoestima, porque cuando uno es esclavo durante tanto tiempo, pierde noción de lo que es la libertad y cree que el status quo es no tenerla.


Todos los días me despierto con dolores en mi cuerpo y un agotamiento que no me permite pensar en nada de manera positiva. Aunque tenga a mi novio que me levanta y me protege, aunque tenga a mi psicólogo que me apuntala o a mi familia que me apoya, no puedo.


Tengo un cuaderno lleno de planes e ideas para tener una vida ideal y hermosa, pero no tengo la fuerza ni las agallas para llevarlas a la práctica. No tengo un bloqueo artístico, sino emocional. Hay algo que no me permite confiar en ese potencial que tenemos todos adentro, para finalmente romper cadenas y ser libre.


Estoy esperando que llegue ese momento visagra donde un día hacemos clic y todo se revela ante nosotros. No saben lo desesperada que estoy por que finalmente llegue ese día.

bottom of page