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ddfo

hace 2 días
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Este año se me volvió cuesta arriba desde que arrancó. Empecé enero en la sala de emergencias de un hospital, y acá estamos casi en octubre, todavía luchando contra los mismos fantasmas, pero con mejores herramientas.


Ya no tengo ataques de pánico hace muchos meses, pero sí mucha ansiedad y angustia. La medicación ya no me estaba haciendo efecto así que me la aumentaron. La dosis que tomaba era muy baja, así que era hora de cambiarla. Hace casi dos semanas que empecé y ya me siento mejor. De hecho, ayer cuando salí tuve una pequeña crisis; me dio muchísimo miedo caerme redonda al suelo. Sentía que me iba a desmayar y mi cabeza me quería hacer creer que estaba en peligro, pero saqué fuerza no sé de donde y pude ganarle a mi cerebro y enseguida me puse bien. Vencí al miedo de salir a la calle y le enseñé que no estoy en peligro y que yo llevo las riendas de ahora en más. Me dio mucho orgullo. Horas después volví a salir y me recordó a los años previos a diciembre de 2021, cuando salir a la calle era algo natural y normal como para cualquier persona. Nunca, en todos estos años, había podido ganarle a mis pensamientos intrusivos que me querían hacer creer que estaba mal y que algo me iba a pasar.


Pero tal vez esto se debe a que tomé una desición muy importante hace una semana, que fue renunciar a mi trabajo. Ya lo tenía pensado igualmente hace meses, porque al venir mi mamá de vacaciones no quería pasarme todo el tiempo laburando como cuando me vino a visitar a Londres en 2019. Esta vez las dos nos necesitamos mucho porque pasamos por cosas muy jodidas y necesitamos un poco de amor y tiempo de calidad entre madre e hija. Pero mi renuncia en ese momento fue más basada en mi hartazgo. Siempre me había negado a trabajar en un call center. Jamás quise, ni siquiera como primer empleo. Lo evité todos estos años hasta que no me quedo otra más que hacerlo, y confirmé por qué todos estos años le huí a este tipo de trabajos. Es desgastante, desmoralizante y te sentís una basura. Haber renunciado me liberó y me dio coraje. Jamás hubiese renunciado sin tener algo seguro esperandome, es la primera vez. Pero en algún momento tenía que hacer la revolución.


Siempre quise trabajar por mi cuenta, pero no tengo algo para ofrecer. No tengo talento para las manualidades ni la cocina. No sé manejar, ni coser ni bordar. No sé tocar un instrumento, ni bailar ni cantar. Tengo en mi cabeza un plan hermoso que puede funcionar y darme paz, más dinero y libertad, pero tengo terror de que no funcione, además de que sé que al principio no voy a ganar nada. Soy consciente de que voy a necesitar seguir trabajando en relación de dependencia por más tiempo, el tema es qué es lo que estoy dispuesta a tolerar de ahora en más, porque ciertamente no quiero volver a un call center.


Mi salud sigue un poco empobrecida, pero mejorando. Mis estudios siguen saliendo bien pero algunas cositas tienen que ajustarse. Nada es grave o muy preocupante, pero son muchas cosas que hacen que me sienta muy cansada y débil, aunque no quiero ser del todo pesimista, porque cada día que pasa siento que avanzo un poco.


A veces siento que el 2026 pasó sin pena ni gloria, que no hice nada relevante y que perdí el tiempo y oportunidades valiosas. ¿Por qué será que pensamos así? No me pasa solo a mi, lo escucho también de conocidos. Parece que invertir tiempo en el bienestar de uno no cuenta y que el tiempo se aprovecha solo si es para estudiar o trabajar. Cuando me vienen esas ideas a la cabeza, me enojo conmigo misma, porque sé que hice la mejor inversión. Visité muchos médicos, me hice todo tipo de estudios, tuve que tomar muchísimos tipos de medicación pero me hizo bien, estoy resolviendo temas que me vienen molestando desde los 15 años y que nunca había podido resolver antes. Además, hice avances importantes con mi ansiedad junto a mi psiquiatra y mi psicólogo. Investigué sobre productos de belleza ideales para mi. Me esto cuidando el pelo como nunca. De una vez entendí qué ropa me va bien y me deshice de años de inversiones mal hechas, para tener mi placard ordenado, con lo que me gusta y me queda cómodo, dejando atrás modas y vestimenta que no me representa. Estoy aprendiendo a vivir de forma simple, minimalista, con menos. Parecen tonterías, pero todo esto me ayuda a verme bien, sentirme bien y encontrarme con la verdadera Mariu. Me siento más liviana. Todavía queda bajar de peso y estar en forma, pero eso es algo de lo que se encargará la Maria Eugenia de 2027.


Empezó con todo el otoño en Grecia. El fresco y la lluvia me ponen reflexiva. Pero por otro lado, tengo mucha esperanza. Hace años que estoy esperando que mi vida cambie, pero por una y otra razón siempre prevalece la supervivencia por sobre los sueños y los nuevos proyectos. Estar solo y lejos hace que tengas los pies sobre la tierra constantemente, pero no está mal de vez en cuando flotar un poco. En este momento no quiero sobrevivir más. Estar en modo alerta constantemente no es bueno y me llevó a la situación en la que estoy hoy.

 
 
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